Creo

27. May 2026 | Experiencias, Leer

Sí, lo sé, leyendo el título de esta entrada parece que le he dado a publicar con la idea a medio cocer, pero no ha sido así, lo prometo. Creo es la palabra que mejor resume de qué va mi desvarío de hoy: de creencias, de ilusiones, de esperanzas. Y, por supuesto, de historias. Comenzando por la mía.

El otro día estaba haciendo scroll de ese en redes sociales, viendo noticias deprimentes y comentarios llenos de malos augurios y me di cuenta de dos cosas: de que necesitaba parar y de que, a pesar de todo, soy incapaz de perder la esperanza. Me resulta imposible. Y tampoco quiero, para qué nos vamos a engañar. ¿Qué hice para parar? Lo que más me gusta: refugiarme en mis historias, donde todo es como debería ser. Más o menos.

A veces el mundo es una mierda, sí, pero eso no significa que las cosas no puedan cambiar; que no pueda transformarse a mejor. Tengo esperanza, fe en la humanidad y todas esas cosas de persona ingenua de la que otros se aprovechan. Porque sí, me esfuerzo cada día por ser buena persona, ser amable con la gente y ayudar a los demás, si puedo. Y no, no creo en eso de «de tan buena, es tonta»; lo considero la excusa detrás de la que se escudan las malas personas para no hacer su parte.

Yo teniendo fe en el mundo en general y en la humanidad en particular.
Yo teniendo fe en el mundo en general y en la humanidad en particular.

Cuando empecé a escribir (allá, en la mocedad de mi juventud) no estaba en mi mejor momento. Cuando lo volví a retomar años después (siendo todavía tierna e inocente), tampoco, la verdad. Una parte de mí siempre aborda la escritura buscando lo mismo: esperanza, algo por lo que luchar. Y así es como llegamos al quid de la cuestión: ¿Qué tiene que ver este rollo con nada en absoluto? Pues verás, que esto es lo que se esconde detrás de cada historia que escribo y me parece importante compartirlo para que sepas qué vas a encontrar si decides leerme algún día.

¿Por qué los buenos sufren tanto?

Hay montones de libros que nos enseñan que ser bueno acarrea todo tipo de consecuencias negativas (a algunos hasta los decapitan por ello y todo). Y me parece estupendo, pero con el paso de los años, a medida que envejezco y me convierto en una yaya de bien, me cansa más y más esta visión tan oscura y limitada de la vida.

Decapitada, pero feliz.
Decapitada, pero feliz.

En serio, ¿en ningún momento de la historia de la humanidad ha sucedido que una persona necesitada recibiera ayuda de alguien, solo por haber sido amable y decente en otro momento de su vida? Así es como se construyen las comunidades; con gente apoyándose unos a otros, colaborando. Si alguien se comporta como un mal bicho, lo natural sería que la gente se lo pensase dos veces antes de acercarse, manipulaciones y falsas apariencias a un lado, claro. Porque no, estos personajes malvados de las novelas ni siquiera se esfuerzan demasiado en aparentar que no lo son.

Entonces, ¿por qué no crear mundos en los que la gente recuerda las buenas obras y te tiende una mano cuando lo necesitas? ¿Por qué el personaje amable siempre es tonto y todos le engañan con facilidad? ¿Es incompatible ser decente con entender el mundo en el que vives y tener un mínimo de picardía?

Me gusta escribir sobre personajes que actúan con decencia porque así lo han decidido y que, a sabiendas de lo que hay, quieren dejar una huella positiva en el mundo. Son inteligentes y capaces, pero tienen claro que no están dispuestos a nadar en la mierda para conseguir lo que desean. O bien lo han hecho durante el tiempo suficiente como para cansarse y soñar con redimirse. Y es que, en una realidad como la que vivimos, traicionar principios es el camino fácil, pero hay que ser muy duro para enfrentarse a la vida con una sonrisa y la mano tendida.

Fantasía oscura y cozy-cosas

Si solo me conoces de vista y no has leído ninguna de mis novelas quizá te estés preguntando (o igual no, pero vamos a hacer como que sí): «Pero, Virginia, si tú escribes fantasía oscura, ¿qué me estás contando de bondad y esperanza?». Pues sí, en mis historias (a veces) hay sangre, muerte y dolor, no son muy cozy que digamos. Por suerte, una de mis especialidades son los personajes gilipollas y son justo estos los que me permiten jugar con la idea de la esperanza.

Estoy cansada de que la gente mala se salga siempre con la suya, es algo que, por desgracia, veo cada día en la vida real. Por eso, en mis mundos a los gilipollas las cosas les van regular tirando a mal y en qué medida suele depender de la actitud con la que afrontan la historia. Principalmente, escribo sobre dos tipos de gilipollas: el que está encantado de ser como es y el que necesita darse cuenta de que no puede seguir así.

Como no quiero ir a la cárcel y me han comentado que torturar a la gente está mal visto, eso es lo que hago en mis historias con los gilipollas que se niegan a cambiar. ¿Quieres empeñarte en ser la peor persona del universo? Estupendo, aquí tienes tus ricas consecuencias y un antiácido para ayudarte a que las digieras.

Autora torturando personajes. Es un hobby divertidísimo 100% lo recomiendo.
Autora torturando personajes. Es un hobby divertidísimo, 100% lo recomiendo.

Pero si el pobre gilipollas quiere cambiar, aunque no vaya a resultarle fácil, siempre recibirá algún tipo de recompensa (aunque a veces termine como el rosario de la aurora). Confieso que estos personajes son los que me resultan más interesantes, porque ser buena persona es aún más difícil cuando no tienes práctica y, si hablamos de esperanza, transmitir el mensaje de que cualquiera puede cambiar y dejar de ser una mierda de persona me parece importantísimo.

«Estoy al borde de la muerte, pero me han regalado un gatito, ¡bieeen!».
«Estoy al borde de la muerte, pero me han regalado un gatito, ¡bieeen!».

En resumen

Si tú también te has cansado de ver a los malos ganar y a los buenos perder siempre y necesitas un refugio en el que encontrar un poco de justicia, ¿por qué no pruebas a leer uno de mis libros?

Si te apetece ver cómo torturo a un político corrupto y mentiroso, te animo a leer Intrigancles contra la leyenda idiosincrásica, donde el gilipollas protagonista sufre de formas múltiples y variadas.

Si quieres ver a una buena persona ser inteligente, luchar por su felicidad y ser valorada por sus numerosas cualidades, tienes a Adiposio siendo lo más bonito del mundo en la segunda parte: Sesio contra la leyenda idiosincrásica.

Si lo tuyo no es el humor, pero te apetece ver cómo las pasan canutas dos tipos racistas, clasistas y con unos planes un tanto cuestionables, te ofrezco Tras la muerte, al fin, paz.

Si prefieres leer cómo un donjuán de pacotilla sale escaldado cuando conoce al amor de su vida, puedes echarle un ojo a Alguien mejor que yo.

De momento, eso es todo, aunque espero traerte pronto nuevas historias. ¿Cuáles? no tengo ni idea, pero seguro que los buenos ganan y los malos pierden. Y que siempre habrá un buen montón de gilipollas.


Para todos aquellos que no habían disfrutado antes del dudoso honor de enfrentarse a mi ARTE hombrepalista, aclaro que todas las imágenes son originales y han surgido a partes iguales de una mente enferma y una mano inútil: la mía. Y sí, la cutre-calidad de las fotos también es marca de la casa.

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