Comencé el año con muchos planes de futuro, tanto en lo personal como en la escritura, pero, por desgracia, termino 2025 con una sensación insoportable de injusticia, tristeza y amargura. Aunque prefiero no ahondar demasiado en mis dramas, me resulta imprescindible mencionarlo a la hora de abordar este resumen literario del año, que habitualmente hago en noviembre y que no he tenido fuerzas de preparar hasta ahora.

He vivido meses de preocupación y hospitales por temas de salud ajenos que, en ocasiones, han terminado bien. Por desgracia, no todo tiene solución y he perdido a una persona a la que quería mucho. Por más que nos repitamos que es ley de vida, sigue siendo una mierda pasar por estos momentos.
Ya hablé en mi última entrada de que a veces escribir no es fácil, pero que es algo que necesito para ser feliz. Este año he tenido épocas en las que no era capaz de sacar ningún proyecto adelante, no encontraba las palabras y esta situación me ha comido viva día tras día hasta dejarme totalmente agotada. Uno de mis puntos fuertes es que soy muy disciplinada y cuando me comprometo a hacer algo, siempre cumplo. Este año, sin embargo, no he llegado a tiempo a nada.
Los propósitos
A comienzos de 2025, como cada año, me fijé una serie de propósitos en cuanto a publicación, escritura y corrección. Sé que a algunas personas les agobia, pero a mí me ayuda a organizarme y priorizar unos proyectos u otros según el tiempo del que dispongo.
Este año pretendía publicar una novela, corregir otras cuatro y escribir cuatro historias más, dos de ellas cortas y dos más largas. Aunque pueda parecer un propósito demasiado ambicioso, encaja bastante bien con mi ritmo habitual de trabajo. Especialmente porque este año tenía intención de no escribir relatos más allá de un par que me habían encargado personas con las que quería colaborar.
Sin embargo, no había planeado que la vida me arrollara como un tren descarrilado y me dejara todo el año agotada y luchando por sobrevivir. Y esto último, al menos, lo he conseguido, que no es poco.

Hasta el mes de octubre, seguí empeñada en conseguirlo, consumiéndome un poco más cada día. Luchando por corregir una frase más, escribir una palabra más, promocionar mis libros un poquito más. Hasta que acepté que solo me estaba haciendo daño. Había llegado la hora de revisar qué podía sacar adelante de una forma realista y dejar ir todo lo demás.
Dolió, no te imaginas cuanto, porque sentir que fallas a todo el mundo, que te fallas a ti misma, nunca es agradable, pero gracias a eso, al menos he podido cerrar algunos temas y salir del pozo. No te voy a engañar, me gustaría haber sido capaz de hacer mucho más, pero con el año que he vivido, a pesar de todo, me parecen unos logros bastante reseñables. Así que quiero celebrarlos contigo y sí, también los fracasos, porque la vida no termina el treinta y uno de diciembre y puedo seguir trabajando en ellos el año que viene o cuando sea, hasta convertirlos en éxitos.
La realidad
Empecé 2025 con muy buen pie, el primer día del año publiqué en la plataforma Caronte de editorial Cerbero un relato que me encanta y al que no había conseguido encontrar casa hasta ahora: La Despedida. Además, fue con el que se estrenó la plataforma y me sentí muy orgullosa de que contaran conmigo.
En febrero terminé de corregir el primero de los libros que me había propuesto: la primera entrega de CiVa, una trilogía que adoro, en la que llevo años trabajando y que dudo mucho que se publique nunca. Perderme en sus páginas y acompañar a sus personajes había sido hasta ahora solo para mí, sin embargo, por fin he podido dejárselo leer a un grupo de lectores beta y ahora hay más gente que conoce este mundo. Una gran victoria.
En el lado negativo, tenía previsto corregir también la segunda parte y no he conseguido revisar más que el primer capítulo. También pretendía avanzar con la escritura de la tercera entrega, que ha quedado relegada al año que viene o el siguiente. En fin, cuando se pueda.
En marzo publiqué la novela que tenía prevista, la segunda parte de Las crónicas absurdas, que arrancó en 2022 con Intrigancles contra el sistema demostrático de la mano de editorial Cerbero, la mejor del mundo entero. Se títula Sesio contra la leyenda idiosincrásica. La edición es preciosa y parece que a la gente le está gustando bastante la historia, así que estoy muy contenta.

En abril me puse a marchas forzadas a escribir una novela de terror (una de las que tenía previsto este año) para poder presentar al Ripley. Conseguí llegar a tiempo, aunque sabía que no iba a ganar, pero estoy orgullosa de cómo ha quedado y la he enviado a otros concursos para probar suerte.
Después de eso, fue cuando todo descarriló. Intenté escribir uno de los relatos con los que me había comprometido y, por más que me esforcé, todas las historias que creaba carecían de alma, de sentimiento, no transmitían nada. Ni siquiera las sentía como mías cuando las leía. Aún no lo he conseguido, pero sigo intentándolo. Ahora estoy más tranquila y he tenido una idea que me gusta bastante, ojalá esta vez sea la buena.
En julio, tuve un buen momento con otra de las colaboraciones, en este caso con el podcast de Cuentos del bosque oscuro donde le pusieron voz a mi relato «Sin ser tú», otra de esas historias que me gustan mucho, pero no había conseguido encontrar su sitio hasta ahora.
Tras este fracaso con la escritura, decidí pasar a corregir el proyecto Gilipollas al que he dedicado el resto del año. Por más que cambiaba, reescribía, añadía, eliminaba… la historia seguía sin funcionar. Al final, logré armar algo que se sostenía a duras penas para que mis lectores beta me ayudaran. Ahí fue cuando llegó octubre y decidí tomarme el tiempo que necesitara y dejar de presionarme.
Y funcionó. El otro día envié la novela a una editorial y, sea cual sea el resultado, estoy muy orgullosa del texto. Por supuesto, preferiría que la respuesta fuese afirmativa, así que, si me deseas suerte, cruzas los dedos y me mandas mucha energía positiva, te estaré eternamente agradecida.
En octubre también se publicó la segunda antología benéfica de La Hermandad de la Noche de la que fui jurado y en la que participo con un pequeño conjuro.

Mi último logro del año ha sido otra colaboración, en el Adviento fantástico, donde han vuelto a contar conmigo un año más. Puedes echarle un vistazo tanto al mío como a otros textos muy chulos en la página oficial. Mi relato es el del día 7 y se titula «Cae y cae y cae».
En resumen: he publicado la novela que quería, he escrito una de las cuatro historias que me había propuesto, corregido la mitad de lo que quería (dos de cuatro) y entregado todas las colaboraciones que debía menos una. Parece poco, pero si miro toda esta lista de éxitos, no está tan mal.
El futuro
Y llegamos al final del camino, a solo unos días de terminar 2025. ¿Cuáles son mis intenciones para convertir en éxitos todos mis fracasos?
Lo primero, porque lo prometido es deuda y es lo que más me estresa, voy a centrarme exclusivamente en entregar el relato pendiente. Las personas que me lo pidieron han sido muy comprensivas y quiero pagarles su amabilidad dedicándoles toda mi atención en este momento.
Después quiero trabajar duro en las dos correcciones que he dejado pendientes. La primera porque quiero enviarla a una editorial y la segunda porque mis betas me la están reclamando con antorchas y cara de cometer asesinatos si no se la doy pronto.
Y, por supuesto, quiero volver a escribir. Creo que en 2026 voy a reducir aún más el número de relatos para centrarme en sacar adelante nuevas historias que me tienen muy emocionada. Algunas son las que no pude escribir en 2025 y otras son totalmente nuevas.
A veces siento que me estoy volviendo a presionar y que quizá solo me espere un nuevo terrible fracaso, pero, cuando miro hacia el futuro lo hago con mucha ilusión. Ahora mismo, creo que eso es justo lo que más necesito.
Espero que tu 2025 haya sido muchísimo mejor que el mío y que el 2026 te traiga un montón de alegrías.
Para todos aquellos que no habían disfrutado antes del dudoso honor de enfrentarse a mi ARTE hombrepalista, aclaro que todas las imágenes son originales y han surgido a partes iguales de una mente enferma y una mano inútil: la mía. Y sí, la cutre-calidad de las fotos también es marca de la casa.

0 comentarios