¿Por qué las sagas me roban las ganas de vivir?

Bueno, pues ya está, he tocado fondo y no me refiero a publicar la entrada de febrero a principios de marzo. He logrado romper mi última norma: escribir solo libros autoconclusivos.

El Proyecto CiVa en el que estoy trabajando actualmente es una historia compleja con bastantes personajes y diversas tramas que son necesarias para que el climax final tenga sentido. Aun así, inocente de mí, esperaba ser capaz de contar todo lo necesario en un único libro. Ahora, con aproximadamente un 38% escrito, ya he superado las 100.000 palabras. Así que he entrado en una crisis de fe. Tengo tres opciones:

  1. Abandonarlo
  2. Simplificarlo hasta lograr que encaje en un solo libro
  3. Terminarlo tal cual y ver cuántas páginas salen de ahí.
Yo creo que a esto le faltan páginas, muahahahahha

Durante unos días barajé la primera opción, pero no resulta sencillo renunciar a 100000 palabras, así como así. Además, me gustan mis personajes y el mundo que he construido para ellos. Sigo pensando que su historia merece ser contada. No, no creo que pueda abandonarlo. Voy a seguir adelante porque, al fin y al cabo, lo peor que puede pasar es que lo termine y lo guarde en un cajón para siempre.

Dediqué otros días a intentar simplificarlo, pero todas las subtramas están ahí para que la trama principal tenga sentido y a medida que quitaba cosas, la historia moría ante mis ojos. Así que, podía elegir entre una novela vacía de significado y no particularmente original o lo que yo quería contar. Una vez más, no creo que tenga alternativa y simplificar no parece la respuesta.

Solo me queda seguir adelante. He pensado mucho en ello, en qué hacer cuando termine esta obra monstruosa. Por desgracia, las opciones no son muchas. Puedo, como decía, guardarla en un cajón y olvidarla para siempre, porque encontrar una editorial que quiera publicar un tochaco de más de mil páginas de una escritora desconocida es una opción que ni me planteo. La opción más lógica parece ser dividirla en un par de volúmenes o tres y convertirlo en una saga o incluso publicarlo por entregas en el blog a capítulo al mes. En cualquier caso, decida lo que decida, no será ya el libro autoconclusivo que deseaba que fuera.

¿Por quéeeeeeeeeeeeeeee?

Con la decepción en mente, me he puesto a analizar los motivos por lo que el hecho de escribir toda la historia en un único tomo era tan importante para mí. A priori no parece algo tan dramático, si me paro a pensarlo, algunas sagas me han dado muchas satisfacciones a lo largo de los años. He leído bastantes y sigo lanzándome sobre ellas con ilusión. De hecho, acabo de comprar Un poco de odio y me muero de ganas de empezarlo aun sabiendo que es solo el comienzo de un largo viaje. El problema está en que otras muchas sagas también han sido una fuente inagotable de amargura.

¿Por qué las novelas que no son autoconclusivas me roban las ganas de vivir?

No es necesario irnos a casos extremos de sagas que quedan pendientes durante siglos y parece que no vas a conseguir terminar nunca como Canción de Hielo y Fuego o la Crónica del Asesino de Reyes. Ni de aquellas que quiero leer en español y la traducción queda interrumpida a la mitad. Sin conocer mi pasión desmedida y casi enfermiza por Malaz es difícil hacerse a la idea de la agonía que está resultando para mí leerla. Una saga que me maravilla, por la que llevo esperando tanto tiempo y que, cuando salga el décimo tomo este año, la satisfacción de tenerlo por fin en mis manos se va a ver empañada por la inseguridad de que alguien vaya a publicar en español todo lo demás.

No, sin entrar en ese tipo de decepciones y sinsabores hay otros motivos por los que me da cada vez más pereza acercarme a libros con una o varias continuaciones.

Para empezar, hay un tema importante de falta de tiempo y coste de oportunidad. Tengo una pila de más de cien libros pendientes de leer y lejos de bajar su número, sigue creciendo sin límite. Tengo poco tiempo, participo en un club de lectura cuyos libros me roban parte de mi capacidad lectora cada año y un amor desatado por comprar libros interesantes. Cada vez que escojo una lectura, estoy dejando de lado todas las demás y, cuando la novela no es autoconclusiva, acepto que estoy añadiendo a la pila todos los que vendrán detrás. A nivel psicológico es una sensación abrumadora porque por más que leo, no hay forma de ponerme al día. Si escojo leer libros autoconclusivos, al menos tengo una sensación de cierre, de dar una tarea pendiente por terminada en lugar de estar abriendo nuevos frentes. 

Se veía venir que algún día la pila iba a vengarse

Me cuesta dejar las cosas a medias. No me veo capaz de juzgar una obra hasta que no he terminado de leer al completo la idea que el autora tenía en mente cuando la escribió. No hablo de los libros que te parecen un horror y que quizá hoy por hoy no me hubiera forzado en terminar, sino del peligroso territorio de los libros que no están mal. He leído varios primeros libros de sagas que, sin dejar de gustarme, no me han entusiasmado. Y ahora no puedo dejar de pensar en si las siguientes partes mejorarán hasta el punto de dejarme con un buen sabor de boca o serán mucho peor y me harán salir corriendo. Si el libro fuese autoconclusivo, posiblemente lo pensaría e investigaría antes de volver a leer otra novela del autora, mientras que, al ser una saga, me veo obligada a consumir varios libros más antes de poder tomar esa decisión con la certeza de que no estoy cometiendo un error.

Bienvenidos al mágico país de Ni fu, ni fa.

Por último, creo que otra cosa que me genera mucha frustración es la sensación de innecesaridad de muchas sagas publicadas recientemente. Lees un buen libro que te gusta, que tiene un final un tanto abierto, pero que podrías perfectamente rellenar tú misma para crear un final satisfactorio y, de repente, a traición, aparecen un mínimo dos secuelas llenas de paja para intentar alargar la historia hasta un final mucho menos placentero. En ocasiones, cuando veo una trilogía (es el caso con el que más me ocurre, aunque no el único) no puedo evitar pensar que las dos últimas partes son más una cuestión de dinero que de verdadera necesidad artística.

Volviendo al tema de por qué me resulta tan traumático renunciar a escribir el proyecto CiVa en un único tomo me he dado cuenta de que últimamente, además, cada vez me resulta más complicado encontrar libros autoconclusivos que leer y quería contribuir aportando los míos para aquellas personas a las que les ocurra lo mismo que a mí y, de vez en cuando, necesiten escapar de las largas series para refugiarse en la comodidad de obras que comienzan y terminan allí. Siento que he fallado con el Proyecto CiVa, pero al menos me consuela pensar que la novela que publicaré próximamente, que sí es autoconclusiva, contribuirá poniendo su pequeño granito de arena.

Para todos aquellos que no habían disfrutado antes del dudoso honor de enfrentarse a mi ARTE hombrepalista, aclaro que todas las imágenes son originales y han surgido a partes iguales de una mente enferma y una mano inútil: la mía. Y sí, la cutre-calidad de las fotos también es marca de la casa.

Un comentario en “¿Por qué las sagas me roban las ganas de vivir?

  1. Buenas Virginia, me encanta leerte y tu sentido del humor… sigue adelante, eres fantástica!! Seguro materializas una historia sobresaliente y sería una lástima dejar en el olvido ese libro. 😁 J.A

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