En noviembre del año pasado publiqué esta entrada sobre los distintos mitos presentes en la mayoría de religiones, pero solo pude cubrir una parte y dejé el resto para una publicación futura que llega por fin ahora.
Los he condensado en nueve mitos principales: Creación del mundo, el funcionamiento del universo, el mundo natural, las causas de las desgracias, el orden social, los seres sobrenaturales, los agentes del cambio, el más allá y el fin del mundo. En la entrada anterior expliqué únicamente los tres primeros, vamos con los otros seis.
4 – Las causas de las desgracias
En ocasiones, nos cuenta entender cómo una catástrofe natural, por ejemplo, puede causar tantas muerte y por qué los dioses no hacen nada por evitarlo. Para explicar estos sucesos traumáticos, pero también otros forzados por la mano de los hombres y atribuidos a la mala suerte o a estar donde uno no debía en el peor momento (guerras, caídas en desgracia, pérdida de posesiones…) la humanidad suele volver la vista a la religión.
En ocasiones, las desgracias las causan los propios dioses con su comportamiento arbitrario y caprichoso (pensemos en los mitos griegos poblados de castigos en respuesta a cualquier tontería). Otras somos los humanos los responsables de nuestras desgracias al desafiar a los dioses (la expulsión del Edén o la caja de Pandora son buenos ejemplos).

Soy partidaria de crear sociedades que no caigan en los mismos prejuicios históricos que arrastramos nosotros, pero me veo en la obligación de mencionarlos aquí porque son un lugar común en muchas religiones. Por un lado, se encuentra la mujer como fuente de todos los males, su mera existencia echa al traste la idílica vida de los hombres hasta el momento. Por otro, tenemos el tabú del sexo como causa de todas las desgracias. En ocasiones, ambas cosas se mezclan y tenemos a una mujer engañando a un hombre para cometer incesto o distraerlo con sexo y llevarlo a la ruina.
Las enfermedades son explicadas de formas diferentes en las distintas religiones. Es común encontrar la enfermedad como uno más de los castigos que merecemos por nuestra falta de Fe. Es un clásico la enfermedad (sobre todo la mental) vista como una posesión demoníaca o un espíritu que nos infecta el cuerpo. Algunas culturas africanas creen que las enfermedades las causa un gusano que vive en nuestro interior y que es necesario para nuestra existencia. Por lo general, si llevamos una vida equilibrada estaremos sanos, pero si cometemos excesos y rompemos el equilibrio el gusano nos infectará y caeremos enfermos.
5 – El orden social
Los mitos se emplean en ocasiones para confirmar diferencias sociales fundamentales, como las que existen entre gobernantes y gobernados (el rey como elegido o como descendiente directo de Dios), entre las castas o clases sociales, entre viejos y jóvenes y entre hombres y mujeres.
Si la sociedad que describes se apoya mucho en la religión, tal vez esos mitos en apariencia pretéritos, extraen su significado de la importancia que tienen para el actual orden social. Es decir, los mitos de la religión en una historia pueden servir para apoyar al orden social establecido y reforzarlo otorgándole legitimidad o, por el contrario, pueden haber evolucionado y transformado sus creencias para dejar atrás el pasado y acercarse a una nueva realidad.

Las religiones suelen proporcionar guías de conducta que, en algunos casos, se convierten en la única opción socialmente aceptada sobre temas como relaciones entre padres e hijos, matrimonios y otros tipos de conductas sociales. Me encuentro con muchas historias en las que se presentan religiones muy rígidas, con normas muy claras y en las que los protagonistas se saltan toda convención a la primera de cambio sin que haya consecuencias.
La sociedad que se define tiene que estar alineada con la religión que se presenta y con el grado de control que ejerce sobre su sociedad. Si se trata de un mero lugar en el que hallar consuelo sin efectos prácticos en las leyes, usos y costumbres, entonces tiene sentido que las normas sociales no guarden relación con la religión.
6 – Los seres sobrenaturales
Además de los dioses, la mayoría de las religiones cuentan con la existencia de espíritus o demonios. Al hablar de espíritus podemos referirnos a seres invisibles que suponen la representación de un aspecto de la tierra (el espíritu del viento), pero también a criaturas con forma física asociadas a la naturaleza como las ninfas o las sirenas. En cuanto a los demonios, hay distintas versiones de ellos y no todos poseen el mismo grado de inteligencia.
En muchos casos, unos y otros vienen asociados a un dios que es quien los controla o ante quien responden o cuentan con un líder poderoso que los gobierna (Lucifer). Estas entidades sirven para explicar sucesos cotidianos para lo que la gente no encontraba explicación (cosas que no están donde uno las deja, un gran nadador que muere ahogado, una persona en apariencia bondadosa que comete crímenes terribles).

7 – Los agentes del cambio: Héroes y embusteros.
La mayoría de las religiones cuentan con héroes que llevan a cabo grandes proezas y con sus actos cambian el mundo y nos enseñan lecciones. Entendamos el concepto de héroe como concepto amplio, figuras humanas que se enfrentan a un dilema y actúan en consecuencia. Estos héroes pueden ser humanos corrientes o tener características mágicas o semi divinas. Su existencia puede ser más o menos real, en el sentido de que se les considere figuras históricas (esta vez voy a dar un ejemplo literario: la segunda era de la saga de nacidos de la bruma de Brandon Sanderson donde varios personajes de la primera se han convertido en figuras religiosas a los que venerar) o mitológicas.
El embustero es una figura que puede ser benévola o maléfica (o ambas cosas según la situación) y suele ser un agente del caos. Supongo que, a estas alturas, el primero que se nos viene a la cabeza es Loki, pero hay muchos más en las distintas culturas. Se trata de personajes que cambian el mundo con su comportamiento y sus decisiones (no siempre para mejor). Así, pueden engañar a los poderosos y hacerles pagar por su soberbia o frustrar los planes del héroe.
8 – El espíritu y el más allá
Existe una tendencia en la mayoría de religiones a asociar el mundo visible de la vida cotidiana con una presencia invisible que podría denominarse alma o espíritu. En algunas creencias está ligada únicamente a humanos mientras que otras consideran que cualquier elemento puede tener asociado un espíritu.
En muchos casos, el mundo que moran estos espíritus es distinto y está separado del nuestro salvo en ciertos momentos del año o en determinadas situaciones (que normalmente deben evitarse).
Esto se relaciona con el concepto de dobles o sombras. Nuestro espíritu como copia de nosotros mismos que puede suplantarnos o puede emplearse para dañarnos si se le hiere siguiendo determinados ritos. En algunas culturas se contempla la posibilidad de robarle el alma a una persona (mediante tratos con entidades malignas, llevando a cabo ritos con partes de su cuerpo, a través del canibalismo…).

El alma suele realizar un viaje final tras la muerte al reino de los muertos, normalmente el destino final dependerá de cómo se haya comportado en vida la persona. El juicio de las almas es un tema recurrente en las distintas religiones. Además, muchas de ellas creían que el alma debía cargar con objetos del mundo material y llevarlos a su nueva vida. Esto tiene una gran influencia en los ritos funerarios y las formas de enterramiento.
Algunas culturas consideran que el final del viaje es la vuelta a la vida (reencarnación) o la vida eterna en un paraíso/infierno. La forma que adoptan tanto el paraíso como el infierno vienen muy ligadas con la sociedad a la que pertenecen y a qué elementos le dan importancia.
En muchos casos existe una figura capaz de transitar entre el mundo de los vivos y el de los muertos y comunicarse con las almas. Esto entronca también con el mundo onírico, muy relacionad en algunas religiones con el espíritu.
9 – El fin del mundo
Muchas religiones tienen una profecía sobre la destrucción del mundo, en otros casos, especialmente en los universos cíclicos, la destrucción ya ha sucedido en el pasado y existe el temor a que se repita. Resulta habitual la destrucción del mundo como un castigo por los actos de los mortales y, en ocasiones, si la civilización resurge lo hace mejorada. Una vez más, en muchas religiones nos encontramos con el sexo como causa de destrucción.

El tema de las profecías es muy interesante y espero tratarlo en alguna entrada futura porque puede dar mucho juego o convertirse en algo tremendamente aburrido.
¿Cuál es tu mito favorito?
Para todos aquellos que no habían disfrutado antes del dudoso honor de enfrentarse a mi ARTE hombrepalista, aclaro que todas las imágenes son originales y han surgido a partes iguales de una mente enferma y una mano inútil: la mía. Y sí, la cutre-calidad de las fotos también es marca de la casa.

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