Propósitos y despropósitos

29. Dic 2023 | Experiencias, Objetivos

Ahora que se acerca el final de 2023 y 2024 llega a nuestras vidas cargado de esperanzas, parece inevitable sentarse a hacer balance de nuestros logros y, sobre todo, a fijarnos nuevos objetivos de cara al año próximo. En mi caso, supongo que como en el de la mayoría, es un tema que siempre me ha generado frustración ya que siempre he tenido claro que quería cosas (así, como concepto abstracto), pero sin tener ni idea de cómo conseguirlas.

Tal vez no lo sepas, pero mi vida más allá de lo literario está relacionada con los procesos de Recursos humanos. Al comenzar 2023 decidí, en lugar de hacer las cosas a lo loco como habitualmente, emplear algunos de mis conocimientos para definir un PDI: plan de desarrollo individual (IDP en inglés, por si te suena más) para guiar mi carrera literaria. Estoy contenta con el resultado y esta semana, después de evaluar mi desempeño durante 2023, he repetido el proceso para 2024.

Un PDI resulta útil a la hora de identificar cuáles son nuestros objetivos a corto y medio plazo, las actividades necesarias para conseguirlos y las habilidades que debemos desarrollar para llevarlas a cabo. Como ves, esto encaja bastante con los propósitos anuales de los que hablaba al principio. No sé si te resultará útil mi experiencia, pero he decidido compartirla por si puede ayudarte, aunque sea para darte alguna idea.

1 – Objetivos:

A la hora de fijar objetivos, me gustaría comenzar distinguiendo entre EL OBJETIVO y todos los demás. Lo primero que tenemos que tener claro es a dónde queremos llegar como meta a largo plazo. Debería ser algo que, si bien te parezca inalcanzable a día de hoy, sea un objetivo al que puedas aspirar. Quizá ganar el premio Nobel está un poco lejos de mi alcance, pero puedo lograr que este blog lo lean más de diez personas en unos quince o veinte años. Además, debería ser un único objetivo, aunque esto supongo sacrificar otros (por el momento). Si elijo ser la mayor exponente de las historias de castores mazados devoradores de alces zombis quizá debo renunciar a mi sueño de dominar el mercado literario internacional con mis novelas (o quizá no…).

Dibujo terrible de la supuesta portada de una novela titulada Castor mazado y alce zombi devorado. Se ve un dibujo de un castor cachas con la boca llena de sangre junto al cadáver de un alce zombi en un charco de sangre. Se supone que están en el campo porque hay hierba
Esto se vende solo.

Muchas veces no tenemos ni idea de lo que queremos o nos cuesta distinguir los deseos de la envidia, es decir, vemos a otros escritores haciendo X cosas y nos preguntamos por qué nosotros no, pero, ¿es eso lo que queremos de verdad? No es fácil decidirlo. Lo primero es sentarnos con honestidad a intentarlo. Para ayudarme, a mí me gustó mucho un vídeo de Gabriella Campbell que hablaba de 12 preguntas para separar lo superfluo de todo lo demás a la hora de filtrar información. 

Ten en cuenta que no tiene por qué ser un objetivo para toda la vida. Si volvemos al mundo de los recursos humanos en una empresa, un objetivo a largo plazo podría ser llegar a supervisor general de patas de silla. Sin embargo, una vez que llegue ahí, tendré que buscarme un nuevo objetivo (¿supervisor general de respaldos o eso es demasiado ambicioso?).

Una vez tenemos claro cuál es ese OBJETIVO que va a impulsar todo lo demás, tendremos que definir los objetivos a corto y medio plazo que nos ayudarán a conseguirlo. Para ello, yo siempre he sido fan de la metodología SMART. ¿Cómo funciona esta forma tan inteligente de definir objetivos? SMART es un acrónimo del inglés que recoge las características básicas que debe cumplir todo objetivo:

Específicos (Specific): ¿Qué es lo que quiero conseguir? Los objetivos deben estar claramente definidos, no sirve poner quiero vender muchos libros. ¿Cuántos son muchos? ¿20, 50, 1000, 20000000? Si tienes una visión clara de a dónde tienes que llegar es más fácil alcanzar la meta.

Medibles (Measurable): ¿Cómo se puede medir el resultado? Depender de sensaciones para decidir si hemos cumplido nuestros objetivos no suele terminar bien. Siempre es mejor asegurarse de que podemos medir el resultado que hemos obtenido y compararlo con los valores que nos hemos propuesto. Yo suelo definir 3 límites distintos para medir mi resultado: uno con el mínimo que considero que debería poder alcanzar, un segundo con lo que me gustaría conseguir, aunque me requiera más esfuerzo, y un tercero con un valor que supondría superar todas mis expectativas (manteniéndome siempre dentro de lo realista).

Alcanzables (Achievable): ¿Se puede conseguir? ¿Es realista? Esto es una característica muy importante porque gran parte de la frustración que sentimos al pensar en nuestro progreso nos viene de ponernos objetivos inalcanzables a corto o medio plazo. Quizá vea ganar el premio Nobel como un paso para convertirme en una escritora de prestigio, pero si me lo pongo como objetivo para 2024 lo único que me aguardarán son lágrimas.

Mujer palo llorando desconsolada junto a un perro que ha ganago un trofeo a la mejor escritora de la casa
Este año no he ganado el premio ni a la mejor escritora de la casa, mi perra es demasiado adorable como para derrotarla.

Relevante (Relevant): ¿Es este objetivo verdaderamente importante para conseguir mi OBJETIVO? En algunas webs indican que la R viene de Realista, pero yo prefiero usar Relevante porque creo que la parte de realista la cubre la letra anterior y porque opino que gran parte de los problemas que tenemos con los objetivos es que no distinguimos qué es lo realmente importante para avanzar hacia donde queremos llegar. Yo intento asociar cada objetivo con una de las 12 preguntas que comentaba más arriba y me resulta útil para filtrar. Todo lo demás, es ruido.

De duración limitada (Time-bound): ¿Puedo conseguirlo en un año? ¿En seis meses? ¿Cuál es el tiempo que voy a necesitar para alcanzarlo? Tampoco sirve de nada ponernos para 2024 un objetivo que solo podemos cumplir a cinco años vista. Lo que sí podemos hacer es pensar qué puedo hacer durante este año para llegar hasta allí en cinco y ajustar el objetivo a ese pequeño paso. Ningún objetivo anual debería durar más de un año, intenta bajar siempre a un nivel más pequeño en lugar de establecerte objetivos inmanejables (y muy seguramente inalcanzables).

Una vez definidos todos los objetivos, no recomiendo fijarse más de cinco, hay que otorgarles un peso. No todos son igual de importantes y, a veces, habrá que escoger entre poner más esfuerzo en uno o en otro. Además, no es lo mismo fallar en un objetivo que representa un 10% de tu camino para alcanzar el OBJETIVO que uno que supone un 50%.

2 – Competencias

Ahora que ya tenemos nuestros objetivos, sabemos lo que queremos y para cuándo lo queremos, es hora de revisar qué necesitamos para conseguirlo. ¿Qué competencias te harán falta para alcanzar ese premio Nobel que tanto ansías o el puesto de supervisor general de patas de silla? Algunas las tendrás desarrolladas mientras que en otras tendrás que trabajar.

¿Cómo son esas competencias? Dependerá de tus objetivos. Pueden ser desde hablar en público, a hacer networking, manejar redes sociales, marketing, técnicas literarias, crochet… Una vez las tengas todas (esto no es una lista cerrada, si durante el año vas descubierto nuevas competencias que necesitas y no habías contemplado puedes seguir añadiéndolas sobre la marca), toca evaluar el nivel del que partimos y el que creemos que nos haría falta alcanzar para lograr nuestro OBJETIVO

Aquí recomiendo ser honesta con una misma, no me va a servir de nada decir que soy la persona con el mayor conocimiento del universo en algo si no lo domino, ni tampoco me va a ayudar la falsa modestia (tranquilidad, ya tendrás tiempo más adelante para darte cuenta de que sabes mucho menos de las cosas de lo que pensabas en un principio).

Mujer palo meditando sobre el conocimiento del universo
No es por presumir, pero tengo todo el conocimiento del universo. Ahora solo tengo que descubrir sobre qué.

Vale, ya tienes identificadas tus competencias, sabes cómo de bien te manejas con ellas y qué nivel necesitas alcanzar en cada una de ellas. Ahora, debes apoyarte en las que mejor se te dan (tus fortalezas) mientras intentas mejorar en las que no se te dan tan bien (tus debilidades). ¿Cómo consigues esto último? Formándote.

3 – Formación:

Al mencionar la formación todo el mundo se lleva las manos a la cabeza al pensar en cursos de pago que le van a costar un dineral, pero nada más lejos de la realidad. La formación formal no necesita superar un 10/20% del total de actividades formativas. Además de los cursos, la formación incluye otras opciones como mantener conversaciones con compañeros que hayan conseguido lo que tú quieres (el famoso coaching), exposición (si se te da mal hablar en público, por ejemplo, participar como ponente en una charla), aprendizaje en el puesto de trabajo (es decir, practicar y pegarte con las cosas hasta que salen), libros, artículos, blogs…

Reconozco que a mí me gusta mucho la formación formal. Hago bastantes cursos a lo largo del año, de las cosas más peregrinas que te puedas imaginar, muchos de ellos gratuitos en distintas plataformas. Además, soy alumna de Phantastica que, con una suscripción mensual rollo Netflix, me da acceso a una oferta formativa bastante variada y también suelo apuntarme a algún taller o masterclass de Portal del Escritor. Pero no es imprescindible, aunque yo recomiendo un conocimiento mínimo para sentar una buena base, una vez lo alcanzas, puedes seguir por tu cuenta solo con el resto de actividades.

4 – Evaluación de desempeño:

Una vez lo tenemos todo claro, toca ponerse a trabajar. No perder de vista ni los objetivos ni el OBJETIVO para ir cumpliendo con las tareas necesarias a lo largo del año y llevar a cabo las acciones formativas definidas en las fechas en que las hayas considerado necesarias (al menos algunas de ellas).

Tenemos la costumbre de fijarnos unos propósitos a principios de un año y no volver a mirarlos hasta finales de diciembre. Yo te recomiendo que lo hagas progresivamente o, como mínimo, una vez a mitad de año, para asegurarte de que los objetivos, las competencias, la formación… de verdad te están llevando a dónde quieres ir, a ese OBJETIVO que tanto te ha costado definir.

Por último, no te juzgues con demasiada dureza si no consigues alcanzarlos todos, no siempre depende de nosotros y la vida tiene tendencia al atropello cuando menos te lo esperas. Te dejo por aquí un enlace a la plantilla que yo utilizo por si te sirve de algo o te apetece echarle un vistazo a cómo de mal de lo mío estoy en realidad. Puedes hacerte tu propia copia y jugar con ella tanto como quieras.

¿Y tú? ¿Has cumplido tus propósitos del 2023? ¿Te has fijado alguno para 2024? ¿Tienes algún método? Si es así, soy toda ojos, siempre es un placer aprender de la experiencia de otras personas.


Para todos aquellos que no habían disfrutado antes del dudoso honor de enfrentarse a mi ARTE hombrepalista, aclaro que todas las imágenes son originales y han surgido a partes iguales de una mente enferma y una mano inútil: la mía. Y sí, la cutre-calidad de las fotos también es marca de la casa.

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