Aplazada

Dediqué mucho tiempo a la entrada del blog del mes de marzo. Primero, a darle vueltas a la cabeza buscando un tema. Después, intentando vencer la sensación de desmotivación. Por último, sintiéndome culpable por no haberla publicado. Así que finalmente, decidí romper con ella y dejarla marchar. Estamos en abril y no puedo volver atrás en el tiempo, así que lo mejor es centrarme en el presente e intentar publicar algo este mes.

La entrada que tenía pensada para el mes de marzo llegará (posiblemente por entregas) algún día. Pretendía hablar en ella de la metodología que utilizo a la hora de escribir y qué intento conseguir con cada una de las herramientas que utilizo. Hice una lista de las cosas que quería mencionar y me di cuenta de varios puntos importantes:

  1. Estoy como las maracas de Machín.
  2. Soy tan mapa que doy miedo.
  3. No entran todas en un solo artículo del blog por muy creativa que me ponga.

Así que lo he aplazado para más adelante y volveré con ello poco a poco cuando vaya encontrando el momento. Ahora lo importante para mí es romper el bloqueo.

Por lo que he visto, este sentimiento de abatimiento y desgana que me ha estado atormentando últimamente es algo bastante generalizado y entendible en la situación tan extraña que estamos viviendo. En mi caso, la culpable de empeorarlo hasta dejarme paralizada ha sido en gran parte la sensación de demora de mi mundo literario y es de eso de lo que quiero hablar en esta entrada. 

Tranquilidad, no voy a contar grandes dramas personales, ni nada de eso, solo voy a centrarme en mis problemas de escritura y en cómo poco a poco voy viendo la luz al final del túnel.

Y eso que, a veces, nos esforzamos por no verla.

Para los que no estuvierais al tanto, el mes de marzo estaba prevista la publicación del libro Mundos sutiles de la editorial Cerbero, que incluye mi relato Cogolluelos de Valdefaunillo. Ya teníamos la preventa abierta y la fecha de la presentación en Madrid fijada para el 27 de marzo. Entonces, pasó todo esto y no solo hubo que cancelar la presentación (lógicamente), sino que en mitad de la preventa hubo que cerrar la imprenta y el libro se quedó allí parado.

Muchas editoriales y escritores están en esta misma situación, pero la primera idea que se te viene a la cabeza es que eres gafe, especialmente porque la fecha fijada inicialmente para este proyecto era diciembre y hubo que retrasarlo hasta marzo. Es un pensamiento absurdo, lo sé, más si tenemos en cuenta que es una antología en la que mi participación es pequeña y hay otros muchos autores en ella que están igual que yo, pero la idea seguía ahí, empujándome a la miseria, porque el drama, amigo, es imparable.

Sin duda, la peor idea de la historia.

Lo siguiente que ocurrió fue que la editorial con la que voy a publicar mi novela nos comentó a todos los autores que, pequeña como es, se iba a ver afectada por esta situación, su ritmo de trabajo iba a resentirse y el avance sería más lento.

Desde que firmé el contrato hasta ahora el proceso se me está haciendo largo, porque el ansia viva me corroe y quiero mi libro ya y lo necesito para la vida. Además, tengo unos compañeros de editorial maravillosos a los que, en algunos casos, he tenido la suerte de conocer en persona y que organizan planes muy interesantes a los que no puedo sumarme por no tener libro todavía y, de vez en cuando, nos comparten la preciosa portada que les acaban de diseñar (no sé cómo lo hacen porque son cada una de un estilo, pero todas  una maravilla. Aquí puedes juzgar por ti mismo si no me crees). Y claro, como es normal, pues yo me muero de la envidia que, digan lo que digan, sana no es y compite con el ansia por terminar de devorarme viva.

Por si no lo sabías, sí, la envidia es verde y el ansia es roja incluso en su versión más zombi.

Total, que, como puedes imaginar, fue un palo. Una vez más la sensación de gafe, de todo mal, de jamás en la vida publicaré nada. Además, estaba metida en una antología benéfica para la que escribí otro relatillo y que, con todo esto, se ha quedado totalmente parada. No voy a llorarte otra vez porque creo que ya te haces a la idea de la sensación de miseria y drama, mucho drama.

¿Qué hice para enfrentar todo esto como la mujer adulta que soy? Perder el interés por completo en sacar adelante el resto de mis proyectos y seguir escribiendo poco y mal, casi por obligación. Porque una es madura y está preparada para enfrentarse al desánimo y a todo lo que haga falta.

Las mujeres palo también lloramos.

Una vez comprendí que esta primera opción no estaba dando resultado, he intentado salir un poco del abismo. Lo primero fue revisar todas las convocatorias a las que tenía pensado presentarme estos meses y para las que no había escrito nada. Fui descartando aquellas a las que sabía que no iba a llegar (algunas con gran pesar) y me centré en una que me supusiera un reto. Así, escogí escribir un relato de piratas para la convocatoria de la gente de El Kraken liberado.

¿Por qué elegí esta convocatoria y no otra? Sencillo, porque odio las historias de piratas y todo lo que tenga que ver con barcos con toda mi alma. Tanto para leerlas como para escribirlas. No tengo ni las nociones más básicas de náutica, ni nada que se le parezca y nunca se me han dado bien las escenas de acción, así que parecía perfecto para desesperarme y tirarme de los pelos. 

La primera versión me pareció un despropósito absoluto, pero una vez pasó por manos de mis betas, la verdad es que he terminado estando orgullosa. No creo que lo seleccionen porque sigue sin ser mi temática y seguro que han recibido historias geniales que le dan mis vueltas, pero estoy contenta. Primero porque está basado en una antigua idea que tuve hace mucho tiempo y que por fin he logrado sacarme de la cabeza. Además, puedo decir que he escrito una historia de piratas que funciona bastante bien y no tener que volver a hacerlo nunca más: prueba superada.

Aún me falta para recuperar la energía y alcanzar el nivel de escritura habitual, pero es un comienzo. El proyecto CiVa, con sus más y sus menos, avanza a marchas forzadas. Esta semana espero terminar el último capítulo de la segunda parte (estaba dividido en cinco originalmente y aún no he decidido cómo lo reestructuraré) y me adentraré en la tercera que es donde se encuentran algunas de mis partes favoritas de la historia. Esas que se te ocurren al principio y que estás deseando poner por escrito. Además, han reabierto las imprentas y Mundos sutiles está un poco más cerca. Ahora tengo que recopilar nuevas convocatorias abiertas para escoger cuál va a ser mi siguiente relato y continuar presentando cosillas aquí y allá.

Sé que no soy la única que ha perdido las ganas por culpa de esta situación tan extraña y espero que el ver que a otros también nos ha pasado y, con el tiempo, hemos terminado por recuperarlas, ayude a la gente a no sentirse culpable al respecto. Si es tu caso, date tiempo y piensa en qué es lo que te apetece en estos momentos. Disfruta de tu descanso literario si es lo que necesitas, cuídate y, cuando estés preparado, vuelve a intentarlo.

Para todos aquellos que no habían disfrutado antes del dudoso honor de enfrentarse a mi ARTE hombrepalista, aclaro que todas las imágenes son originales y han surgido a partes iguales de una mente enferma y una mano inútil: la mía. Y sí, la cutre-calidad de las fotos también es marca de la casa.

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